DEMOCRACIA
Curiosa palabra la democracia. Todos se llenan la boca con ella, pero pocos la entienden, y casi nadie la respeta.
Se supone que la democracia es un sistema político que
defiende la soberanía del pueblo a elegir y controlar a sus gobernantes. Hasta
ahí todo bien, parece bastante bueno, yo decido quien gobierna y controlo como
lo hace. El tema es llevar a la práctica esta supuesta democracia, aquí es
donde empieza el problema. Un grupo pequeño de gobernantes administran sobre un
gran grupo de personas, con diversos intereses y heterogéneas formas de pensar,
porque si, cada uno somos de nuestra madre y de nuestro padre, y lo que yo
elegiría seguramente no sea igual a lo que ninguna otra persona.
Para solucionar esta controversia hacemos un sistema de
mayorías y minorías, por lo tanto, tenemos un sistema en el cual, en teoría,
cada cierto tiempo, elegimos entre todos a nuestros gobernantes y
administradores. Cada quien está representado, de forma más o menos
proporcional, y las minorías aceptan lo que, durante ese tiempo determinado,
decide la mayoría. Esta es la utopía en que vivimos los que estamos en un país
supuestamente democrático, y si, digo supuestamente, porque la realidad es que
en la mayoría de los casos es muy muy distinto.
En primer caso es casi imposible hacer un control por parte
de los gobernados a los gobernantes, no hay ningún mecanismo que permita a los
ciudadanos reprender a sus gobernantes, si un gobernante no cumple con sus
promesas da igual, durante su tiempo de gestión es casi imposible tocarlo. Los
gobernantes, en sus tres estructuras, hacen lo que les conviene a sus intereses
(no a los intereses de quienes los eligieron) y no se puede hacer nada.
En segundo caso, en la mayoría de los países, en teoría, hay una separación de poderes, separación que no es real, ya que el supuesto control entre poderes en realidad es un contubernio entre ellos, para que esa separación e independencia no exista. Incluso, llega el caso, en mi opinión extremo, de que uno de los poderes no es elegido por el pueblo (véase la monarquía parlamentaria), lo cual, ataca en sí, a la idea de la democracia.
En tercer lugar, detrás de los gobernantes siempre hay
intereses ocultos (o no ocultos), que los financian o que directamente dependen
de ellos. No existen los gobernantes independientes, que piensen en los
gobernados que los han elegido. Aparte de esto, la clase gobernante es, en su
mayoría siempre los mismos, las mismas familias, los mismos “clanes”, existe
una endogamia terrible, de la cual es imposible escapar.
Por último, el respeto de las minorías. Este respeto no
existe, como seres humanos, no somos capaces de aceptar que otro ha ganado y se
buscan formas de deslegitimizar la victoria y las decisiones, de quien es
nuestro “opuesto”. Y da igual que los gobernantes de turno tengan mayorías
aplastantes, el lado “contrario” buscará deslegitimar cada decisión, cada
cuestión, incluso la propia elección.
Por lo tanto, no elegimos a los gobernantes que queremos,
solo a los “que hay” y son influenciados por intereses. No tenemos mecanismos
para controlar a dichos gobernantes. La división de poderes, que debería ser el
máximo control no funciona, llegando incluso a haber poderes “impuestos por la
gracia de dios”. Y por último no sabemos respetar la victoria de las mayorías.
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